AL FONDO LA CATEDRAL

palentina

martes, 14 de julio de 2009

EL PATRIARCADO

EL PATRIARCADO



En Olmedilla de Abajo, pueblecito pequeño situado en las llanuras de la estepa castellana, en la provincia de Salamanca, vivía una familia que, como casi todas las de la época, era numerosa; se componía del matrimonio y seis hijos, de los cuales dos eran hembras y cuatro varones. Era una familia muy humilde, pero al mismo tiempo era muy feliz, ya que siempre se conformó con lo que tenía y supo ir mejorando la situación con el sacrifico y esfuerzo constante de todos sus miembros. Cultivaban la tierra, cuidaban su ganado y todos cooperaban en el entorno familiar de tal manera que fueron superando su precaria situación de manera notable, hasta convertirse en una familia respetable y considerada por sus vecinos como una de las mejores del pueblo. Entre todos, con el sacrificio y el trabajo diario fueron adquiriendo más tierras, con lo cual llegaron a formar una “labor” de cierta importancia.
Alfonso el padre, era un hombre muy serio y honrado trabajador, siempre pendiente de su familia, de su ganado y sus tierras de labor. Era un buen labrador, conocía su oficio y era famoso por toda la comarca, tenia fama de ser uno de los mejores en el difícil ofico de labrador y ganadero, como aquellos que describía como nadie aquel gran poeta que fue Gabriel y Galán y que dedicó a los campos de Castilla y Extremadura. Elena, la madre, siempre fue la que gobernara la casa y la que dirigía la parte económica como correspondía a una buena ama de casa y lo hizo siempre de manera notable. Los hijos mayores, Esteban el mayor y Julio, bien enseñados por su padre siempre fueron un ejemplo de honradez y buen hacer en sus labores agrarias y ganaderas, así Esteban se ocupaba de labrar la tierra junto con su padre a la que sacaban unas muy buenas cosechas, y Julio del cuidado de los rebaños de ovejas y vacas que tenían y que pastaban en unas buenas praderas que también habían adquirido con el esfuerzo de todos.
Maria era la tercera de la familla y ayudaba a su madre en las labores de la casa y en verano también participaba en las labores de la recolección de las cosechas con su padre y hermanos, Juana la cuarta de la dinastía, era la más sencilla pero tenia un encanto especial que sabia transmitir a los demás, era muy guapa y desenvuelta y siempre acaparaba toda la atención de la familia.
Los dos más pequeños, Quinito y Manuel eran la alegría de la casa, ya que al ser los más pequeños tenían la atención y el cuidado de sus padres y a la vez de sus hermanos mayores, y aun cuando siempre cooperaron en las labores del campo con su padre y hermanos mayores, siempre fueron mas considerados que los demás en todos los sentidos y de manera especial en los trabajos que realizaban, siendo estos los más sencillos.
Verdaderamente es muy hermoso ver como crece la empresa familar en la que participan todos los componentes de la misma. Alfonso se sentía muy orgulloso de lo que había conseguido y siempre estaba en contacto directo con todos sus hijos a los cuales adoraba y se sintió muy querido y respetado por todos.
Cuando la maquinaria industrial fue llegando al campo, Alfonso que siempre fue un hombre muy inteligente, supo ir adquiriendo los elementos mecánicos más adecuados a sus necesidades, para hacer que su explotación agrícola y ganadera fuera más rentable y a la vez que sus labores fueran mas cómodas para sus hijos. Fueron estos unos años verdaderamente espectaculares para la familia de Alfonso y Elena donde todo era armonía familar y bienestar.
Los años iban pasando, los hijos se fueron haciendo mayores y, así, Esteban y Julio se casaron con chicas de su mismo pueblo de Olmedilla de Abajo y se fueron a vivir a sus respectivas casas con sus mujeres, aunque siguieron integrados en el ámbito familar en sus trabajos bajo la tutela de su padre, que siempre fue el Patriarca de toda la familia. Maria, seguía como siempre ayudando a su madre en las tareas de la casa y al mismo tiempo siempre pendiente del resto de la familia. Por su parte Juana, aquella niña tímida y guapa se había hecho toda una señorita, y supo salir del ámbito rural para integrarse en el mundo de la Enfermería. Empezó haciendo unos cursos de Auxiliar de enfermera y se puso a trabajar con D. Simón Contreras, doctor en medicina que tenía una Clínica particular en Salamanca. Pero Juana no se conformo con el titulo de Auxiliar de enfermera y así siguió estudiando hasta conseguir el titulo de A.T.S. que después la llevaría a la Clínica La Paz de Madrid, donde ejercería su profesión durante muchos años, siendo querida y admirado por sus compañeros de trabajo.
Por su parte los dos más pequeños, Quinito y Manuel, también seguirían caminos distintos: así, mientras Quinito, que siempre fue un niño muy aplicado en el Colegio del pueblo, ingresó en el Seminario de Comillas (Santander) donde mas tarde se ordenaría sacerdote y posteriormente partiría hacia tierras de África para impartir y predicar la Fe cristiana, llegando a ser uno de los más grandes Misioneros, reconocido por todos y de manera especial por su superiores.
Mientras tanto Manuel que era el más pequeño, siempre le gusto ser camarero, y así, como en Olmedilla de Abajo solo había un bar, el cual se llamaba “El Burladero” por aquello de que al dueño, Francisco, que así se llamaba, era muy aficionado a las corridas de toros, y aunque el pueblo era muy pequeño, al no haber más bares que el de Francisco, este se llenaba de clientes de manera especial lo fines de semana y días de fiesta, donde se daban cita mucho amigos y ganaderos de los campos charros de Salamanca, dando pie a unas tertulias taurinas que se prolongaban hasta altas horas de la noche. Fue así, como Francisco le propuso a Manuel que fuera su ayudante por lo menos los fines de semana y días de fiesta, ya que él solo no podía atender a toda su clientela en esos días señalados.
Manuel, no se lo pensó dos veces y aceptó encantado la propuesta de Francisco y así fue como aprendió el ofico de camarero que tanto le gustaba y que luego le serviría para poner su propio negocio. En el Burladero estuvo unos años, hasta que alguien lo fichó por sus buenas maneras y simpatía para con los clientes, para llevárselo a Madrid a trabajar a una cadena de Cafeterías llamadas “California” mejorando de esta manera sustancialmente sus condiciones y posición.
Alfonso el “patriarca” veía como los hijos se iban distanciando del entorno familiar, unos en una dirección y otros en otra, y así fue tomando nota de la situación, dándose cuenta de que por ese camino se iba a desintegrar lo que tanto le había costado construir y pensó en reunirlos a todos un día para hablarlos sobre como afrontar la nueva situación y ver cuales eran las intenciones de cada uno, para con ello enfrentarse a la realidad y así poder tomar decisiones.
Un fin de semana les convoco a todos y les expuso su punto de vista sobre la situación al mismo tiempo que les pedía su parecer sobre la explotación agrícola y ganadera que con tanto esfuerzo y sacrificio habían construido entre todos. Allí se dieron cita todos, menos Quinito el misionero que seguía en tierra de moros haciendo su trabajo y ajeno a los movimientos de su familia. También estaba Maria, acompañada de su marido Casimiro, con quien que solo hacia unos días que había contraído matrimonio.
Alfonso sabía que Esteban y Julio junto con Casimiro, no tenían apetencias de salir del entorno familiar y así se dirigió a Manuel y le pregunto, si el seguiría o no con los demás hermanos cooperando en la explotación, o por lo contrario seguiría su propio camino en el terreno de la hosteleria. Manuel le respondido que el prefería seguir como camarero puesto que su ilusión era el poder montar algún día su propio negocio, ya que había tomado gusto a este tipo de cosas. Muy bien le dijo Alfonso, pues te daré la parte del negocio que te corresponde y con ello podrás independizarte y crear tu propio negocio. Seré justo en el reparto, pero quedas advertido de que en adelante no podrás reclamar nada más de la herencia que te hubiera correspondido de haber seguido aquí con los demás. De acuerdo, dijo Manuel quedando muy satisfecho con lo que le había dicho su padre.

De la misma manera Alfonso, se dirigió a Juana, la cual seguía como enfermera en la Clínica la Paz de Madrid. Contestó lo mismo que Manuel, que ella tenía su vida y su trabajo en Madrid y no podía ni debía dejarlo, ya que la había costado muchos sacrificios conseguir la buena situación que tenía. Bien, le contesto Alfonso, haré contigo lo mismo que con Manuel, te daré la parte que te corresponde y con ello podrás comprar un piso o lo que necesites, quedando también advertida que no podrás reclamar nada mas.
Después se dirigió a los demás para exponerles lo que pensaba hacer para que todos siguieran en la empresa familiar, que hasta ahora había funcionado como una sola familia y, que en adelante serían al menos cuatro familias las que dependerían de la misma empresa. Tomando la palabra les dijo: formaremos una sociedad en la que participaremos los cuatro, Esteban, Julio, Casimiro y yo mismo, con las mismas condiciones y porcentaje de participación en la empresa. Pondremos un sueldo módico para cada uno, este sueldo servirá para el sustento de de nuestras familias y, al final de cada año repartiremos beneficios a partes iguales, yo, seré el Presidente de la sociedad. Tendremos asambleas generales al terminar el año agrícola, y haremos balance de resultados obtenidos durante todo el año. Ampliaremos el negocio, buscaremos préstamos bancarios para la financiación de nuevas operaciones de inversión, con ello conseguiremos más volumen de negocio y obtendremos beneficios para mantener nuestras familias de manera digna como corresponde a la trayectoria de los últimos años, en los cuales hemos obtenido un buen nivel social. Mirándoles detenidamente a todos les pregunto: ¿Qué os parece? Todos contestaron con gran satisfacción en sentido afirmativo encantados con la idea que había tenido su padre, que como siempre les daba ejemplo teniendo una gran visión de futuro.
Formaron la sociedad y todo empezó a funcionar de la manera prevista. Alfonso seguía dirigiendo todos los movimientos del negocio y todo iba a la perfección, Esteban y Julio junto con su cuñado Casimiro llevaban el peso de los trabajos en armonía y sin contratiempos. Quinito seguía con sus misiones por el mundo, ahora estaba en Perú evangelizando indígenas.
Mientras tanto Manuel había realizado el sueño de su vida. Con el dinero que le dio su padre y un pequeño préstamo que le dio la Caja de Madrid, montó su propio negocio, puso un Restaurante que le llamo “Casa Manuel” en Carabanchel, barrio popular de Madrid el cual fue adquiriendo fama y siempre estaba muy concurrido y así Manuel obtenía buenos beneficios. Por su parte Juana, también ayudada por un crédito bancario y el dinero que le diera su padre, compró un piso en el barrio del Pilar donde se instaló estando encantada con su suerte ya que tenía un trabajo que le gustaba con el cual se sentía muy a gusto, y un piso en Madrid.
Todo había salido a la perfección en la familia de Alfonso y Elena, la nueva sociedad funcionaba a la perfección y todos sus miembros se encontraban encantados con la nueva situación. Por otra parte los hijos que habían decidido independizarse también se encontraban muy felices con sus respectivos trabajos, ya que habían alcanzado la situación que siempre habían soñado.

Una hermosa mañana de primavera, Alfonso salió de madrugada a lomos de su caballo para inspeccionar sus tierras de labor y su ganado. Era una mañana esplendida y una delicia ver los campos de cereales que apuntaban una buena cosecha igual que las praderas donde pastaba su abundante ganado. Alfonso se sentía enormemente satisfecho de cómo la había ido la vida, era feliz pensando en sus hijos, pensaba en la cosecha que todo hacia pensar que este año sería muy buena, en su ganado que pastaba en la abundante hierba de sus praderas. Iba tan relajado y ensimismado en sus pensamientos, que no le dio tiempo a reaccionar ante un brusco movimiento de su caballo que, espantado por una liebre que le había salido de entre sus patas, salto de manera imprevista, derribando al jinete, con la mala fortuna de que en su caída se golpeo la cabeza con una piedra del camino quedando inconsciente y herido de gravedad. Avisados sus hijos del accidente que había sufrido su padre, partieron inmediatamente hacia el lugar de los hechos, y desde allí salieron para Salamanca donde ingresaron a su padre en el Hospital Clínico de la capital Charra, donde le asistieron de un golpe en la cabeza que le había producido un derrame cerebral muy grave. Paso dos días en la U.V.I donde falleció al sufrir un paro cardiaco.
Todos los hermanos estaban junto a su padre cuando ocurrió el fatal desenlace, habían acudido desde Madrid, Juana y Manuel, Quinito el cual se encontraba en Perú, llegaría el día después y se encargaría de oficiar los funerales por el eterno descanso del alma de Alfonso su padre. Para toda la familia fue un trauma muy difícil de superar, Elena estaba hundida en un sentimiento de desolación, en solo unos días había pasado de sentirse la mujer mas feliz de la tierra, a sentir que la vida ya no tenia ningún atractivo para ella. Maria, siempre al lado de su madre trataba de consolarla y darla ánimos para seguir adelante. Se celebraron los funerales oficiados por Quinito, a los que acudieron multitud de amigos y conocidos de los pueblos limítrofes, ya que Alfonso se había hecho muy popular en toda la comarca, y era muy querido y respetado por todos.
Pero como la vida sigue, no había mas remedio que seguir trabajando y atendiendo las necesidades del pequeño negocio. Así Esteban, Julio y Casimiro, se incorporaron a sus respectivas actividades atendiendo a las necesidades del pequeño “imperio” que con la dirección de Alfonso su padre, habían logrado construir. Pasados unos días Quinto, partió de nuevo para Perú donde tenía sus feligreses. Manuel y Juana también regresaron a Madrid.
Elena se encontraba totalmente apenada y solo gracias a Maria, que la acompañaba constantemente, era capaz de ir saliendo de la situación de vacío en que la había dejado la muerte de su marido Alfonso.
Con la muerte de Alfonso, no se había muerto solamente el marido y el padre de sus hijos dejándolos a todos como huérfanos, se había muerto mucho más que eso, él era el verdadero impulsor de toda la empresa familiar, el patriarca, el fundador de aquel pequeño imperio, el que bajo su tutela supo unir a todos para construir esa pequeña empresa familiar, dejando ahora un vacío muy difícil de ocupar.
Un día, Elena, viendo que efectivamente la pequeña empresa no podía seguir sin que alguien fuera el referente de la misma, reunió a los componentes de la sociedad, para exponerles lo que pensaba ; sabía que era muy difícil que alguno de sus hijos o su yerno fueran capaces de llevar la empresa como lo había hecho su marido. Pero había que decidirse y después de haberlo pensado mucho, les dijo:
Como podéis ver yo me encuentro sin ganas ni fuerza para llevar adelante la empresa que nos ha dejado vuestro padre, así es que os propongo para que en adelante sea su presidente vuestro hermano mayor Esteban; y dirigiéndose a Julio y Casimiro, les dijo: siempre que a vosotros os parezca bien; estos contestaron en sentido afirmativo, quedando así en adelante nombrado como presidente de sociedad, Esteban.
De esta manera fue como Esteban de la noche a la mañana se convirtió en el que en adelante tendría que tomar las decisiones más convenientes para los intereses de la pequeña empresa familiar. En principio todo fue bastante fácil, ya que su padre la había dejado el camino bastante bien ordenado y el pequeño negocio funcionaba por inercia y los resultados fueron semejantes a los obtenidos en años anteriores.
Pero poco a poco, las cosas se iban deteriorando. La pequeña empresa ya no era lo mismo que la anterior, al estar dirigida por Alfonso, que como padre le debían un gran respeto y al mismo tiempo cariño, con lo cual imponía disciplina y orden en todos los trabajos sin que ninguno se atreviera a poner en duda su dirección.
Ahora era Esteban el que dirigía, y este, espoleado por la envidia y ansias de protagonismo de Sara su mujer, fue creyéndose más importante que sus hermanos, y fue dejando de lado sus obligaciones. Esteban quería codearse con los terratenientes más importantes de la comarca, salía de viaje constantemente originando muchos gastos, Sara le acompañaba en la mayoría de estos viajes, no hacia a tiempo las ventas de su ganado, incumplía constantemente las obligaciones adquiridas con los bancos, no llegando a tiempo para amortizar sus préstamos. En más de una ocasión se vio en la necesidad de mal vender parte de su ganado, para amortizar algún préstamo, llego a estar amenazado por el embargo en más de una ocasión.
Esta situación creo una gran desconfianza entre los hermanos, que viendo como se iba deteriorando la pequeña empresa, recordaban a su padre mas que nunca, pensando en lo felices que fueron mientras él dirigía la explotación y como en tan poco tiempo después de su muerte, habían entrado en una situación de caída libre, sin saber muy bien que determinación tomar. Elena, viendo la situación en que se encontraba la sociedad, cayó en depresiones constantes y enfermó, enfermedad que le llevaría a la muerte. En un ambiente muy deteriorado se celebraos los funerales, que como en el caso anterior fueron oficiados por Quinito el cual había sido avisado de la triste noticia.
Pasados los funerales, Quinito reunió a los hermanos que formaban la sociedad para que le explicaran su situación en relación con la empresa, explicaciones que le dejaron muy triste al ver como en solo unos años había pasado de ser un ejemplo de bien hacer, a estar mas cerca de la quiebra que de otra cosa. En esta situación aconsejo a sus hermanos que lo mejor que podían hacer era repartirse lo poco que quedaba y que cada uno hiciera su vida independiente de la mejor manera posible.
La empresa familiar solamente funciona bien cuando depende de una sola familia que, a su vez esté bien formada por los valores más tradicionales.
Las sociedades que están formadas por más de una familia a un cundo estas sean entre hermanos, suelen terminar como la de Alfonso y Elena. Es frecuente ver como muchas familias empiezan a construir una empresa entre todos los hermanos con los mejores propósitos de hermandad y pensando en lo bonito que es ver como progresa esa empresa. Pero pasando algún tiempo suelen surgir los problemas, ya que no solo intervienen los hermanos, sino que, las familias se van multiplicando como es natural, y de momento cada hermano tiene su mujer y sus hijos y siempre suele haber alguno que no esta conforme con lo que hacen los demás, creando tensión entre los demás miembros de la familia. En la mayoría de estos casos, surge la envidia que es el enemigo mas grave de cualquier sociedad, hasta terminar con la armonía y el buen funcionamiento de cual quier empresa.
Para que funcione bien una empresa debe de haber un “Gerente” que después de tener reuniones periódicas con la junta de gobierno, sepa decidir en los momentos más difíciles, e imponga autoridad, respeto, sea responsable y al final de cada ejercicio se le pueda pedir responsabilidades por su gestión, cosa que no suele ocurrir en la empresa familiar.

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PD. Este relato es fruto de la imaginación del autor, cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.

Antonio Gómez García- (Tony)